jueves, 19 de marzo de 2009

the spider.


No se puede vivir en dos mundos hay que escoger. La realidad se reventó y me arrojó fuera.
Me dijeron unos hombres detrás del empapelado de flores que Dios iba a venir a hablar conmigo y yo lo esperé. Cuando llegó el momento de la aparición una puerta se abrió y Dios se me mostró tal cual era, una araña. La araña tenia la mirada dura y fría. Grité cuando intentó penetrarme, no lo logró y se marcho sin decir palabra. La realidad se reventó y me arrojó fuera. No se puede vivir en dos mundos hay que escoger. Sólo la muerte me amará.


Basado en la película Detrás de un vidrio oscuro de Ingmar Bergman.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Tú no sabes nadar, ¿o sí sabes? -añadió, dirigiéndose al Valet.
El Valet sacudió tristemente la cabeza.
-¿Tengo yo aspecto de saber nadar? -dijo.
(Desde luego no lo tenía, ya que estaba hecho enteramente de cartón.)


Lewis Carrol, Alicia en el país de las maravillas.





25

Hay una mistificación que me produce escuchar Derelict. Y me quedo pensando un buen rato en mi manera de escuchar y en el jugo de Sardonia. Me pregunto donde podré conseguir sardonia, su jugo aplicado en los músculos de la cara produce una contracción que imita la risa. Y después me gustan los duraznos, no muy dulces, suaves, maduros no me molestarían tampoco. Me gusta molestar a veces, pero ¿a qué juegan algunas personas?
Juegan todo el tiempo. Las veinticuatro horas de su día y no caen en sus colchones de polietileno. Me encantaría que jueguen si me invitan a jugar con ellos. Pero ya cuando se ponen locos feo (no lindo) y empiezan a hacer macumbas exotéricas. No se loco, a mi me dan temor. Lo peor es que lo toman a uno de idiota, y uno, la mayor parte de las veces percibe la mala onda. Mind Games.




Airémonos- queredme ¡Ya!


Te dije que me quieras. Te dije que me ames. ¿Me amas? ¿Nos casamos? No mejor no, eso es entupido. Dale pero que hacemos. Decidme devuelta que me queres. Dale dame un beso ¿No ves? ¿Me queres? ¿Escuchamos una canción? Dale, bailamos arriba de las sillas. Dale airémonos en el pasto. Compremos una oveja, dale. Espera, quédate, queredme.








El hombre de concreto besa mujer pero por primera vez



Acercándose lentamente tomo por los bordes al pedazo de concreto con patas. El cuello almidonado le sentaba de maravilla. Solo le quedaba por mirar la hora de la eficiencia.


Bruscamente se besaron en el ascensor.


-Es usted espeluznante, ¿Qué le puso a la bebida?
-Almíbar.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Un día en la metralleta



Por Saco Raído Blackoblackski




Faltó o sobró para que me convirtiera en una especie de aguijón. En realidad ahora que lo pienso mejor, tengo los pies desnudos y los logre conformar, entro de todo, en un par de medias bastante baratas. No se si faltó o sobró o si ninguna de las dos cosas. De repente era un nulo y otro rato fui un arma de fuego automática, de cañón más corto que el fusil y de gran velocidad de disparo. Lo horripilante fue ser ese cacho de metal y estar además a la disposición del zángano que apuntaba el arma. La primera vez que me dispararon sentí ese especie de dolor, como el de las mujeres vírgenes a punto de sufrir el desgarre, como el enfermero que inyecta por primera vez la dosis de penicilina. Fue traumático ese segundo antes, porque inmediatamente al liberar la bala sentí la excitación más grande de mi entupida vida, muy cierto, la bala fue a parar a un hermoso cervatillo. Y yo quería seguir acribillándolo, no me contenté con liberar un solo plomo caliente. Necesitaba más, pero el animalito ya no respiraba y era innecesario. En la noche yo estaba deseoso en un cinturón y se dio la oportunidad que yo tanto ambicionaba, en un pleito de polleras maté por descontrolado y borracho a un hombre, y eso, me gusto más que cualquier otra cosa.


domingo, 15 de febrero de 2009

Yo vivo en una ciudad donde la prisa del diario trajin parece un film de Carlitos Chaplin aunque sin comicidad.
Pedro y Pablo
Gran espacio en blanco de mi casa a la tuya
Creerlo es haberlo soñado. Cuando daba media vuelta en la cama ya me estaba enredando con las sabanas. Eso significaba una cosa en la ventana, de ella salía como si fuera un parlante los ruidos de la superurbana avenida. Esta vez había soñado con un perro guacho que me despertaba. En efecto, al mirar por la ventana vislumbré al perrito que le ladraba al linyera del barrio que varado se había quedado en mi puerta la blanca por los tragos del tinto elemento, y a pesar de mi poca conmoción encendí la radio que pasaba boleros y me pregunté que tan fea podía sonar la escuadrilla del amor, sin embargo el linyera pareció escuchar mi radio que fuerte estaba y se puso a tararear el bolero que bien lo sabía. Me puse contento por él. Roca por mano, me tocaron el timbre y yo no quería que se me queme el café matutino.
Abrí enseguida y en la puerta estaba el perro guacho que me había despertado, esta vez venia a decirme –en un tono por demás refinado- que el linyera había muerto instantes atrás cantando el bolero que pasaba mi radio portátil.

viernes, 13 de febrero de 2009



Por el Camino de Swann pero bajando en picada (yo no sabía lo que iba a pasar).






Y nadie más podía entender aquella inmolación, aquél descuido de querer tirarme por el barranco. No sé si se entendía, estaba harta del mundo y me preocupaba en esos momentos *lo que fui* y lo que *había sido*. Diferenciando claro, las dos cosas. Lo que fuí era algo que me podía proponer en el momento en el cual estaba respirando. Lo que había sido ya se lo dejaba a la posteridad, al que vendrá, a la suerte mía después del barranco. Una suerte que me parecía maravillosa. ¿Y si…? Algo tan divertido como eso. No me bastaba meter los pies entre las rocas. No me servía ver con estos ojos como los chicos de tierra en los cachetes comían caracoles con la misma gula de un hombre gigante. Porque por aquellos días mi amiga me decía que su hermano crecía desproporcionadamente para arriba, y a mí me preocupaba esta situación, digo, hasta donde podía llegar, hasta la terraza por ahí. Es sordo, mudo o qué. Proteínas. Y me daba rabia, me daba rabia todo. Menos el mar que me chocaba los tobillos, menos el barranco, y menos las música esta que esta sonando. Y después.

martes, 3 de febrero de 2009



Klaus Kinski

Tengo una tormenta de viento en la cabeza. Anteanoche me desorienté en mi propio patio. Estamos de acuerdo en que estaba ebria, pero no lo suficiente. Caí de rodillas a las ocho de la mañana. Creí ver atrás de los pinos a Klaus Kinski. Yo quería levantarme para ir a buscarlo porque él no se acercaba, pero había desaparecido. Volvió a resurgir media hora más tarde cuando yo ya estaba entregada cortando las hortensias de mi abuela. De vuelta él hacía sus morisquetas y danzaba muy animadamente, pero lamentablemente de un momento a otro se hizo humo y me sentí muy sola. Me abordaba una soledad tan profunda y tan fría que comencé a gritar. Mi idea era despertar a alguien para que al menos me insultase, pero no fue así. Entonces me sentí más sola que antes. Hasta que me acostumbré, logré convivir con ello y ya no me sentí tan enferma. Me sentía súper bien. Y me quede dormida encontrando muy a mi gusto la planta de hortensias que ahora me servia de confortable cama. Y al amanecer me despertó mi enérgica abuela preguntándome de quien era el sombrero ridículo que había encontrado en su patio. Yo le respondí: “Abuela ese sombrero es de nada más ni nada menos que de Klaus Kinski”.